martes, 22 de junio de 2021

OTRA VEZ ESTE INVIERNO


 Otra vez aquí este invierno,

este día clave en que las tripas dan un giro en seco y para adentro,

 y el mundo  afuera se borra,

o se va.


Adoro y no aguanto este invierno

con toda su dulzura blanca y helada.

 

Me fastidian y me acomodo en sus sábanas

pálidas,

de invierno.

 

Otra vez...

Otra vez aquí este maldito invierno sin nada y con todo para dar.

Sin hojas, pero con savia, 

sin frutas, pero con raíces para ahondar en la oscuridad.


Otra vez aquí este invierno, 

este maldito invierno de manta desesperada,

de chocolate a rabiar, 

de no parar de dormir,

de no querer salir de la cama.


Otra vez...

 

Otra vez invierno...

 

Dulce,

amargo,

terrible,

comestible,

odiado y adorado, pero sobre todo maldito y bendito

invierno...

                     invierno...

                                          invierno...

otra vez...




sábado, 22 de mayo de 2021

IMPRESA

Tu impresión era que debías imprimirte para que te vieran.

Ya con tres años agarraste un lápiz de color y te grabaste en el papel. La gente quedó impresionada con tu dibujo y eso lo recuerdas bien, aunque en ese momento no distinguías, ni se te pasaba por la cabeza pensar, en primer lugar y, después, “pensar que”, aquello podía ser tan extremo, o tan importante.

Pero lo era.

No te diste cuenta que aquel día aprendiste que existías sólo por lo que hacías y sólo por lo que hacías bien, con excelencia.

Sería mucho decir que varias líneas y unos puntos desordenados eran la excelencia, pero parecieron serlo cuando con sólo tres años todos quedaron impresionados con aquel dibujo.

En ese momento lo fueron, aunque tú no te diras cuenta y olvidaras, años después, que dibujando líneas y puntos desordenados de colores eras “excelente”.

 

Tu alma se volvacaba en los papeles en blanco. Eso no lo sabías, pero ahora lo sabes, y sigues sin saber por qué los abandonaste.

Por aquel entonces no te importaba ser tan buena, ni si quiera era algo consciente, es más, te escondías entre las patas de tu madre cuando alguien llegaba para decirte lo linda que podías llegar a ser, ni hablar de lo que eras capaz si hablaban de tus dibujos.

Pero algo quedó, porque hoy no puedes dejar de cazar esos likes. Sientes que la necesidad de complacer forma parte de tu disco duro interior y no ves la manera de sacarte esa mierda de encima.

Recuerdas aquel estuche gigante de rotuladores que además tenía sellos que imprimían animales. La tinta siempre se secaba y sólo podías usarlos durante dos días después de abrir la cajita. Recuerdas un caracaol. También había un caracol dibujado en el estuche. Y recuerdas cómo querías que algún día te comprasen el maletín de dos pisos, el que tenía muchos muchos lápices y muchos muchos colores. No te gustaba sacarles punta y que se gastaran, y sufrías mucho cuando veías que el verde o el amarillo eran muchos más pequeños que los demás. Pero por aquel entonces no te juzgabas, sólo sufrías, ahora sufres y te juzgas por igual.

 

Entonces no querías que te vieran y eso no ha cambiado. Juegas a la invisibilidad para seguir impresa, quieres seguir imprimiéndote en las hojas, como sea, en la vida, de cualquier manera, dejar tu rastro, como el caracol, expresar lo que te toque en el día, derramando tu tinta, o tu baba,  o tus palabras, pero que no se te vea, que a ti no se te vea, por favor, no, nunca, nunca así de expuesta.

 


miércoles, 3 de marzo de 2021

Un culo en París

 Hoy volví a soñar con él.

No sé cuando fue la última vez que lo vi, pero de noche me visita seguido.

Esta vez me tocaba el culo. Sí. No suena romántico. Nada que ver con lo que vivimos allí, pero el sueño era así: él me tocaba el culo y me preguntaba a ver si lo tenía como en París.

No sé, muy raro, porque él nunca me había tocado el culo en París.

El caso es que yo muy naturalmente le contesto que no, que claro que no, como si fuera algo evidente, pero al momento me arrepiento y le digo que sí, que claro que sí. 

Siento su mano rozar mi nalga izquierda y entiendo por qué le he respondido así.

Agarro con mi mano tres de sus dedos y todo lo que hace tanto pasó se apodera de mí.

El sueño termina ahí, 

igual que todos las noches,

el sueño termina en París.